#21 PRESTANDO ATENCIÓN

#21 PRESTANDO ATENCIÓN

El sofá, que me envuelve como si de un útero se tratase, hace que todo mi despiste se enfoque hacia una pantalla que intenta llenar mis horas contándome nada. Mi atención, cortando el cordón umbilical, se centra en una estantería habitada por libros que, pacientemente, esperan para ser el alimento de algún sueño. Lugares donde las palabras viven realmente cómodas, desprendiendo la misma sabiduría de esas señoras que bajan a por el pan en zapatillas de andar por casa, simplemente siendo.

Tomos cargados de enseñanzas y arquetipos, que esperan a la vuelta de alguna página para ayudarnos a construir esa toma de conciencia que contribuya a nuestra biografía. Papeles donde se guardan historias, en grandes y oscuras cuevas rodeadas por agua y con pequeños (o grandes) fuegos, que nos hacen entender que la luz siempre está ahí. Con ríos y mares que a veces se presentan mansos y, en ocasiones, furiosos para activar las alertas de los protagonistas. Aguas en las que navegar con grandes barcos o simples canoas de un solo remo; con paisajes de frondosos bosques, con castillos, o selvas donde se esconden animales para dar una inyección de vitalidad maravillosa. Curiosos escenarios que los escritores roban al inconsciente colectivo para plasmarlos en el papel. Relatos con encuentros imposibles y conflictos que son vividos con el objetivo de crecer; donde los amantes y los enemigos se sumergen, con sentimientos envueltos por las dudas, en luchas de poder para no hacerse cargo de su existencia y, así, convertirla en vida. En los que entes habitan la oscuridad, esperando alimentarse del miedo de algún niño, y los hechos saltan grandes obstáculos para seguir construyendo historia.

Y he pensado que la mejor manera de comprender todos esos recorridos quizá no sea observándolos, sino sintiéndolos.

He comprendido que la oscuridad es grande o pequeña según los ojos que la miren, que soy yo el que decido poner todo mi esfuerzo para controlar los remos o viajar en piloto automático y que debo buscar dentro de mi selva para encontrar la vitalidad. Que la lucha no es lo que me hace grande sino la comprensión y que los monstruos que viven en las sombras se alimentan de mi ilusión, no de mi miedo. He comprendido que, a veces, para saltar los acantilados hay que crear puentes, aunque sea con piedras, para llegar a esa pradera llena de tréboles que poseen hojas con forma de corazón. Pero, sobre todo… he comprendido que tengo que levantarme del sofá.

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