#6 EL TRAJE GRIS

#6 EL TRAJE GRIS

¿En qué momento habré elegido ese tono como despertador?

Hace tres años que me levanto con la misma banda sonora. Ni siquiera me gusta; pero me ha hecho comprender que ese refrán que dice que “del roce nace el cariño”, no es del todo cierto. Como cada mañana desde hace mucho tiempo, mi primera ocupación es evitar todo ese enfado que me produce simplemente abrir los ojos.

Tras esto, me dirijo hacia la cocina donde me quejo, según modo operatorio, de la textura de esas galletas mojadas en el café; esperando (inconscientemente) darme cuenta algún día de que, en realidad, el que las compra soy yo.

Me acerco a la ventana. Me quejo.

“En este lugar siempre llueve. Un día me voy a un sitio donde haga sol todo el año”.

Tras estas frases de automotivación, y una ducha que consigue que empiecen a estar operativas algunas neuronas más, me peino frente a un espejo que no me devuelve una imagen real de quién soy, que no me responde del todo bien.

Me acerco al armario donde tengo todos esos disfraces para salir al mundo. Y, como cada mañana, ahí está. En un hueco, al fondo a la izquierda, dentro del armario, se encuentra el disfraz de gente feliz. Me provoca con todo su colorido, esperando que hoy sea ese día en que decida utilizarlo. La tentación es grande. Pero, ¿qué pensaría de mi el resto de personas si hoy decido salir vestido de feliz?

Probablemente pensarían que estoy loco.

Es en este momento, a diario, cuando decido ponerme otra cosa. Seguro que un disfraz de hombre gris llama menos la atención. Y entro en ese autobús verde que me lleva al trabajo. Eso que, de alguna forma, te dignifica (algo se llevará a cambio).

En una parada, cerca de alguna calle peatonal, se sube alguien que rompe la seguridad del gris. Se trata de un chaval amarillo. Sube al bus con sus rastas, su barba larga y sus mazas para hacer malabares. Unos cables que se pierden en su pelo hacen intuir que muy probablemente algún tipo de música está coqueteando con sus oídos.

Esto es corroborado por movimientos impulsivos en sus pies, que marcan el ritmo de una canción reagge. Compruebo como es capaz de levantar suspicacias. En algún momento del recorrido, nuestro amigo feliz pierde el control de dónde se encuentra y del volumen de su voz: “I shoot the sheriff…”.

Todos los grises nos centramos en él. Algunos sonreímos con muecas inquisidoras que esconden montañas de envidia. Otros mueven de un lado a otro su cabeza esgrimiendo frases manidas como “no hay respeto”, “siempre tienen que molestar” o incluso algún “esto con Franco no pasaba”; achacando a estados alterados de conciencia la capacidad para ser feliz.
Cuando el personaje que ha roto mi mañana gris se baja del autobús, dedico mi tiempo a pensamientos que me motivan cada día: “Cualquier día lo mando todo al carajo”. “Si pasase algo que me sacase de aquí”. O incluso, “tengo que sellar la lotería, ¡no vaya a ser!”.

Ya en mi lugar de trabajo me acerco a una máquina que hace un “café de mierda”, de la que llevo quejándome los últimos diez años. En esta ocasión, a su lado, está un optimista golpeando con su sonrisa a todo gris que se le acerca.

¿De qué coño se reirá?

Puede que él haya encontrado su sitio. Pero, ¿es necesario que nos lo restriegue?

Después de un día especialmente gris dónde he hecho lo de siempre, he hablado con mis compañeros de lo de siempre y nos hemos quejado de lo… vuelvo al sitio que llamo hogar por 400 pavos al mes.

Una vez allí meto en el microondas algo de comida precocinada.

¿Sabes? Es que cocinar para mi solo no me gusta. Si, al menos, tuviese a alguien. Con el sabor en la boca de algo entre petróleo y comida italiana me tiro en el sofá para anestesiarme con ese programa que jamás reconoceré que veo.

Y dejo volar mi mente, preguntándome por qué mi vida es tan triste, sin saber el motivo de que todo lo malo me pase a mi…

¿Estaré haciendo algo mal?

 

2 thoughts on “#6 EL TRAJE GRIS

  1. La rutina, el tedio , la “Matrix” en la que estamos… y sólo nosotros seremos capaces de salir de ella. El muro es muy fino, de seda, casi transparente. Solamente estirar una mano…

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